En cirugía plástica estética hay una verdad que vale más que cualquier resultado bonito: la seguridad.
Y la seguridad empieza por saber quiénes no se deben operar en este momento o quién necesita estabilizar su salud antes de entrar a cirugía.
Este blog no está hecho para asustarte. Está hecho para ayudarte a entender, con claridad, por qué a veces la respuesta responsable no es “sí”, sino “todavía no”.
En medicina, casi todo se mueve en tres categorías:
Muchas pacientes creen que ser “no candidata” es un rechazo. En realidad, es un acto de cuidado: la cirugía estética es electiva y, cuando el riesgo se dispara, lo correcto es no operar. En estos casos, simplemente son pacientes que en este momento no se deben operar, no porque no puedan hacerlo nunca, sino porque primero se debe proteger su salud.

Cuando una enfermedad autoinmune está activa o mal controlada, el cuerpo puede estar en un estado de inflamación sostenida. Eso puede traducirse en:
Aquí la clave no es “tener” una enfermedad autoinmune, sino tenerla sin control. En términos prácticos, una paciente con lupus, artritis reumatoide, vasculitis u otra condición autoinmune debería considerarse candidata solo cuando:
Cuando no hay control, lo responsable es diferir la cirugía hasta estabilizar; en ese momento, la paciente no se deben operar, no como una prohibición definitiva, sino como una medida de seguridad hasta que su condición esté controlada.
Este punto es de los más importantes y, al mismo tiempo, de los más subestimados.

La nicotina (y el tabaco en general) afecta la microcirculación, disminuye el oxígeno en los tejidos y aumenta el riesgo de:
En cirugía plástica, el tabaquismo se asocia de forma consistente con más complicaciones. Por eso, muchas guías y políticas clínicas exigen suspender tabaco por semanas antes de ciertos procedimientos.
las pacientes no se deben operar si:
Si hay nicotina, se aumenta el riesgo. En cirugía estética, ese riesgo no se justifica, por lo que en ese momento las pacientes no se deben operar hasta eliminar ese factor y disminuir las probabilidades de complicaciones.
La obesidad mórbida no es un juicio estético; es un tema de fisiología y riesgo quirúrgico.
Cuando el IMC es muy alto (especialmente en rangos de obesidad severa o mórbida), suele haber mayor riesgo de:
Por eso, en cirugía estética se recomienda estar en un peso estable y, en muchos escenarios, cercano al ideal en el caso contrario no se deben operar por el momento.
La regla práctica no es “no puedes operarte nunca”, sino:
Este punto sí es crítico.
Una cirugía estética implica disección de tejidos, vasos sanguíneos y un posoperatorio que requiere que el cuerpo cicatrice de manera ordenada. Si hay alteraciones de coagulación, el riesgo puede subir por dos lados:
La Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos tiene guías específicas para pacientes con trastornos sanguíneos (blood dyscrasias) y enfatiza que, si se sospecha o existe un diagnóstico, debe haber evaluación y manejo adecuados antes de operar.
las pacientes no se deben operar si:
En estos casos, operar sin una ruta clara de seguridad no es responsable.
Independientemente del procedimiento, hay situaciones que deberían frenar la programación hasta aclararlas:
La cirugía estética no debería hacerse “a pesar de todo”, sino cuando el cuerpo está en condiciones razonables para recuperarse bien.
No operarse en un momento determinado no significa renunciar. Significa hacerlo con inteligencia.

En la vida real, los escenarios más claros de cuándo no se deben operar incluyen:
La cirugía segura no empieza en el quirófano. Empieza cuando se elige bien el momento.
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